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lunes, 13 de mayo de 2024

Trabajos de taller de educación artística a partir del niño interno

Rastrillo de playa entregado por el niño interno El niño interno es fundamental en el trabajo de autoconocimiento y en mi caso, lo he visto imprescindible para profundizar en el autoconocimiento por parte de los futuros maestros. Es un asunto que he utilizado recurrentemente como transversal en los talleres, de tal forma que lo tenemos muy en cuenta siempre que estamos produciendo desde la educación artística. Contactar con el niño interno, comprendiendo que en una parte está herido y necesita de nosotros es fundamental para tomar conciencia de nuestras reactividades (que ocurren muchas veces cuando el niño interno toma el mando y reacciona en lugar del adulto que ahora somos), y de nuestras potencias (porque el niño interno es la fuente de toda creatividad y fuerza innovadora). El niño interno encarna según las teorías de Carl Gustav Jung el arquetipo del niño divino: el puer o la puera eterna. El libro “El puer aeternus” de Marie Louise von Franz es en este caso la bibliografía básica para tratar el asunto y comprender la fuerza del arquetipo. A lo largo de los años he desarrollado diferentes talleres, con metodologías de introspección: visualizando nuestro niño interno, descubriendo a qué edad se nos representa. Recibiendo en estas visualizaciones donaciones de este niño interior (lo inconsciente ama la materia) y produciendo después diferentes artefactos. Trabajar a partir de nuestras fotos de niños, seleccionando alguna foto clave y encontrando resonancias, interviniéndola. Escribiendo cartas a nuestro niño interno como parte del proceso de conexión. Construyéndole ofrendas. Teniéndole presente a la hora de desarrollar creaciones o de participar en dramatizaciones para saltar sobre nuestra “vergüenza” mala (el niño divino no es vergonzoso cuando se trata de desarrollar su potencial y expresarse brillante y creativo). Los arquetipos son fuerzas simbólicas que nos habitan y conectar con ellas amplía nuestra conciencia y nos da herramientas valiosas para el autoconocimiento y la producción de una vida realmente “vivida”.

viernes, 7 de mayo de 2021

Estrenando el "Uniforme para tiempos salvajes"

Esta semana he estrenado el "Uniforme para tiempos salvajes". El primer día que me lo puse fue el martes, tenía que personarme en el colegio electoral que me corresponde pues había salido por sorteo como suplente de presidente o vocal de mesa. Me pareció un día adecuado para realizar este estreno. No se puede alegar objeción de conciencia y no personarse. Si no te personas es delito penal. La imagen-eslogan de este uniforme, yo misma en una motocicleta y llevando una espada láser, es una imagen que soñé hace poco. El 4 de mayo, coincidía además con ser el conmemorativo de la famosa saga de películas "Star Wars", la guerra de las galaxias, tremenda gesta de lucha entre las fuerzas del mal y del bien. El gesto que realizo es un límite puesto a todo comportamiento psicopático, parte del psicólogo experto en este trastorno Ross Rosenberg y se inspira en el personaje de Spock de Star Trek. El saludo "Vulcano". El miércoles fui a la universidad con el uniforme, siendo entonces mi primer día de llevarlo a mi lugar de trabajo oficial. Y hoy lo he vestido para una clase online. Se trata de un uniforme confortable y que espero resista. Lo llevaré durante un periodo incierto, a la espera de que lo que sufrimos acabe y recuperemos los derechos y libertades que en este salvaje tiempo perdimos por el camino. Y así nos encontrarán, alegres y dispuestos, en estos tiempos salvajes.

martes, 16 de febrero de 2021

Tiempos salvajes para la Educación Artística

Carátula de "La lengua de las mariposas" de Cuerda

 Hace un año ahora vimos en clase "La lengua de las mariposas" la película de Cuerda. Esa tarde, después de la clase, acabé desmayándome y dándome un terrible golpe en la cabeza. De alguna forma, el visionado de la película activó ese síntoma, o esa fue mi sensación. Atribuí el asunto a la presión en la universidad, una presión acumulada en diferentes asuntos.
Ahora que ha pasado un año y a la vista de lo que ha ocurrido después, encuentro ese desmayo premonitorio (es muy fácil analizarlo así a un año vistas), como un pre-sentir la locura a la que nos abocábamos y de la que -no tengo duda- las víctimas mayores son los ancianos, los niños y los jóvenes.
Me contaba recientemente Eugenio, estudiante de prácticas, que en su aula de cinco años, a tres niños que cumplieron seis, les impusieron la mascarilla, por ser obligatoria desde esa edad. El resto de compañeros no la usan aun, estarán esperando esa fecha siniestra, el momento de colocársela. O a lo mejor identifiquen esa medida barrera que dificulta el respirar, como un ganar estado y hacerse mayor... quién sabe. La capacidad del ser humano para soportar lo indecible es inmensa.
El maravilloso profesor de "La lengua de las mariposas", era un hombre intachable, ético y coherente. Pero fue defenestrado y traicionado incluso por quien tanto le amaba, Moncho, el niño protagonista. 
Ojalá que no lleguemos a extremos y la cordura se instale (aunque muchos extremos ya se han sobrepasado).
Ojalá que dejemos de estar gobernados por el miedo. 
Ojalá que las medidas que se utilicen ayuden a nuestra salud.
Ojalá que recuperemos dignidad.
Ojalá que la gente deje de morir sola.
Ojalá que no perdamos lo mejor de ser humanos.
Ojalá que respetemos el pensamiento diferente al nuestro.
Ojalá que la libertad de expresión se preserve.
Ojalá y en cualquier caso, que seamos capaces de afrontar dignamente lo que venga.

miércoles, 20 de mayo de 2020

La energía performática y la conexión con lo intangible




El curso pasado fue muy performático por el planteamiento de las clases temáticas y, la forma en que los estudiantes se implicaron e hicieron suyo el espacio/tiempo de nuestros encuentros.
Trabajamos de forma transversal muchos temas, hubo meriendas, visionado y análisis de series, propuestas de vestimenta e instalaciones, músicas y bailes temáticos y muchos debates.
En medio de este hervir de la creatividad nos reunimos un día para realizar la grabación de una performance cuando en un intermedio y al posar para la foto, las capuchas que normalmente se llevaban puestas del revés y tapaban la cara, se bajaron para mostrar apenas los ojos.
Ver esta imagen hoy es estremecedor. Porque implica directamente una referencia a lo que se ha convertido en nuestra realidad. Hoy más que nunca pues llevar mascarilla se acaba de convertir en obligatorio en nuestro país.
Presiento que en el espacio de la producción artística y en las sinergias colectivas con fuerte impacto creativo se produce lo mismo que en los sueños. Lo inconsciente se manifiesta. Para lo inconsciente el tiempo no existe y hay una virtud por la cual podemos avanzar acontecimientos, que llegan a nuestro onírico y que quizás en ese momento no podemos situar, no lo comprendemos. Estoy pensando en los sueños de los pacientes de Jung, en el período de entre guerras, que barruntaban los horrores de la Segunda Guerra Mundial. 
Pienso que de alguna forma, en esa primavera hace un año, conectamos con una realidad que viviríamos en ese presente eterno que significa lo inconsciente, y sin saber, solamente con el poder de la intuición, se materializó en esa imagen, como un juego.


lunes, 16 de marzo de 2020

Coleccionando pequeñas cosas mientras el tiempo pasa



Hola, os he puesto esta imagen de playa y mar porque en estos momentos en que estamos limitados en nuestro movimiento a mi, ir a ver y respirar el mar, es lo que más echo de menos. Llevaba algún tiempo pensándolo, que en cuanto pudiera iba a ir. Y ha pasado esto.
Estamos en un momento extraordinario para apreciar desde las más pequeñas cosas, a otras más grandes, o quizás comprender que son enormes, las más pequeñitas. Yo vi por primera vez el mar con ocho años. Alguna generación anterior a mi lo vieron mucho mayores. Mi primer avión lo tomé con 30 años. Era otra época. Nos hemos acostumbrado de hace tiempo a que todo era relativamente fácil y posible, por lo menos para los más privilegiados de entre nosotros, de los que me siento formar parte. Ahora de repente, no puedes ni salir a pasear, ni a correr, ni a ver a una amiga, ni a la familia, ni mucho menos ir a ver y oler el mar.
Así que estamos teniendo la oportunidad de prestar atención a las pequeñas cosas. Es un gran salto cuántico y estético también esto que está pasando.
Y en sincronía con este pensamiento llegó el precioso vídeo de mi compañera Clara Megías en que nos enseña cómo hacer colecciones con pequeñas cosas, para despertar la sensibilidad estética en los niños. Yo voy a hacerme mi colección aprovechando que seguiré haciendo una limpieza de primavera pues llevo tiempo en ello. Os animo a que también hagáis vuestra colección y la compartáis en vuestros blogs.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Antídotos de educación artística

Cómo tener confianza en tiempos pandémicos

Actividades de Educación Artística a desarrollar en casa y durante el tiempo de moratoria de clases (sustituyendo las actividades del 16 y del 23 de marzo).
1- Empezamos escuchando el siguiente vídeo y realizando la visualización/meditación que indica.


2- Habremos buscado una fotografía en que aparezca nuestro cuerpo completo.
A partir de esta fotografía realizamos una silueta de un tamaño como de DINA-3 (puede ser también algo más grande, lo importante es que sea de un tamaño suficiente que nos permita trabajar sobre ella).
La silueta la duplicamos para tener la parte anterior de nuestro cuerpo y la posterior. Concentrándonos en nuestra memoria de vida y con un código que nosotros entendamos, vamos a señalar, con texturas, colores etc... cada una de estas cuestiones (inventamos el código personal secreto antes).
  • Lugares de nuestro cuerpo que nos gusten
  • Lugares de nuestro cuerpo que nos disgusten
  • Lugares de nuestro cuerpo que nos hayan dolido o nos duelan regularmente, vulnerables
  • Lugares de nuestro cuerpo que nos guste nos toquen
  • Lugares de nuestro cuerpo que no nos guste nos toquen
  • Lugares de nuestro cuerpo que recuerden memorias diversas por accidentes, caídas o enfermedades, o lo que sea
  • Lugares de nuestro cuerpo que recuerden eventos positivos del tipo que sea
Terminado esto observaremos las siluetas, delante y detrás y reflexionaremos sobre lo que vemos. En estas siluetas estará marcado mucha de nuestra historia de vida, podemos también colocar referencia a los años en que ocurrió tal o cual evento de alguna forma que nosotros entendamos.
Con que lo comprendamos nosotros es suficiente, no hace falta que lo entienda nadie más. Si en algún momento no nos seguimos cómodos con el proceso, lo paramos.
En el dossier de la asignatura incluiremos una reflexión y la imagen de ambas siluetas delante/detrás, no hace falta detallar cuestiones personales, expresar solamente lo que se quiera y en el sentido de cómo el proceso nos gustó o no, si podemos hacerlo o no con niños y desde qué edad.
Esta parte de la propuesta si la desarrolláramos en clase la habríamos realizado en papel continuo tumbándonos en el papel para que otra persona nos dibuje la silueta y luego y a partir de ese soporte trabajar los mismos puntos enumerados antes. Indudablemente el tiempo en clase no permite algo muy profundo y en una sola silueta concentraríamos parte delantera y trasera del cuerpo.
Si tenéis papel para hacer vuestras siluetas a gran tamaño también podéis hacerlo así en casa.

3- Podemos volver a escuchar- visualizar la meditación taoísta de la sonrisa interior (link compartido arriba).

4- Utilizaremos un muñeco preferiblemente que tengamos en casa o que nos de alguien para no comprar. La idea es convertirlo en un mini-yo empoderado, de tal forma que en ese mini-yo las debilidades se conviertan en fortalezas, lo que nos gusta de nuestro cuerpo se potencie, y lo que nos disgusta se transforme en positivo. Los dolores desaparezcan etc. Nos sentiremos identificados con el mini-yo que habremos personalizado absolutamente.
En el dossier de la asignatura compartiremos imágenes de nuestro mini-yo transformado y una reflexión acerca del proceso, de lo que pensamos que hemos encontrado de positivo y si creemos que podemos aplicarlo en niños y de qué edad.

Sugerencia: Realizar esta actividad con niños de la familia, hermanos, padres, abuelos etc... que se animen a hacerlo también, silueta y mini-yo empoderado, cada cual hace lo suyo pero nos ayudamos unos a otros y lo compartimos en familia.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Somatizar con una película como detonante y hacer un Orlan sin pasar por el quirófano

El pasado lunes sí que somaticé de veras. Habíamos terminado de ver la película La lengua de las mariposas, esa maravillosa obra de José Luis Cuerda y tenía el corazón en un puño. Bajamos al aula de arte y no me quitaba el frío del cuerpo, pensé que era por la película pero que se quedaría la cosa ahí. Pero no. Me fui sintiendo mal, revuelta. Fui al baño con una especie de cólico y no me dio tiempo a reaccionar, me desmayé y me di un porrazo considerable. Me desperté de una especie de visita al paraíso -siempre me pasa cuando me desmayo, la última vez fue en el 2015- una tremenda sensación de paz y confianza. Si la muerte es eso, no está mal.
La cosa es que después me toqué la frente y noté una protuberancia bestial, me miré en el espejo y realmente parecía una especie de cráter picudo o un cuerno. Me había hecho sin pasar por el quirófano un Orlan (Para quien no la conozca que ponga en Google « Orlane performance »). Salí del baño. En el rellano entre clases se encontraban algunos compañeros, ya siento el susto que les di cuando me levanté el flequillo. Fueron muy amables. Llamaron al Sámur y yo que no voy nunca al médico tuve que ir. Mis estudiantes también fueron muy amables, aprecio el gesto de los que se quedaron hasta bien tarde preocupados por mi. Luego tuve la suerte de encontrar a mi amiga Carmen que me acompañó a La Paz, allí me aplicaron el protocolo, me hicieron una analítica, etc etc y en el informe escribieron que no me desmayé y que puedo tomar paracetamol si me duele la cabeza (les dije que me desmayé y que soy alérgica al paracetamol por supuesto).
Ayer pasé el día en la cama, sin comer, dormitando. Hoy he empezado a sentir que recuperaba fuerzas. Todo este tiempo no he parado de recibir presión de la universidad y sus mil tareas, me he tenido que imponer a mi misma para quedarme en casa y no salir ante el peligro de derrumbarme en la primera esquina.
Creo que lo que me ha pasado ha sido un tipo de somatización brutal y definitiva de lo que resiento que la universidad se ha convertido en los últimos tiempos. Un lugar muy tóxico. Las profesiones vocacionales son las que tienen más burn-out. He empatizado con el profesor de la película que vomita tras sentir que llega la guerra y por tanto la brutalidad y el mal, porque como él dice el infierno está aquí. 
Sé que tendré que poner más conciencia, para saber cuidarme bien y protegerme mejor de los malvados. Centrándome en apreciar las personas de buen corazón pues es lo más importante en esta vida. Mis estudiantes futuros maestros también convendría reflexionaran acerca de los riesgos que nuestra profesión entraña.

lunes, 17 de febrero de 2020

¿Seremos capaces de quedarnos mirando un pequeño animal casi media hora... ?

Una hormiga le piensa y le llama por su nombre, dibujo de mi hijo con cinco años

Ayer mi hijo me compartió el vídeo que copiaré abajo.  Creo que todos sabemos que vivimos en una sociedad híper veloz, híper estresada, donde no paramos de diagnosticar niños con síndrome de híper actividad, sin darnos cuenta de que están reflejando lo que es nuestro entorno. Apenas nos paramos para escucharnos a nosotros mismos, como para pararnos a escuchar a otros. Y lo que es más tocado cada día es nuestro teléfono móvil (lo tocamos más de 2000 veces, increíble... ).
Para mi fue muy significativo ver este vídeo, a pesar de que al escucharlo nos demos cuenta de que habla de cosas que ya sabemos en su mayor parte, pero se nos olvidan.
Me dio la oportunidad de hacer memoria y recordar cuando mi hijo era pequeño, y cómo él me enseñaba el milagro de quedarse fascinado por las pequeñas cosas. Cómo también me hacía de espejo de mis propias quiebras... los niños son siempre un milagro, lo que pasa es que no siempre sabemos verlo. Animo a ver el vídeo, para recordar lo que se nos olvida y que tanto importa para vivir bien.

jueves, 7 de febrero de 2019

Los niños son arcilla en las manos del sistema

Niño que se está estudiando si tiene altas capacidades

Niño con desfase curricular
El sistema quiere que el niño se adapte, no le interesa prácticamente nada más. En base a que encaje o no se le etiqueta. Si un niño reproduce a la maravilla lo que se espera de él, entonces se le aplaude. Si un niño no encaja, se le ve como problemático.
Arriba dibujo de niño de 7 años, podréis ver como este niño en vez de desarrollar un propio esquema en el dibujo reproduce a Dalí. Este niño está altamente dotado para satisfacer y es felicitado por ello. Su identidad y creatividad no interesan.
El dibujo de abajo es de un niño de 13 años. Observamos el sol antropomórfico a la derecha, este elemento es propio de etapas simbólicas, pero más allá de juzgarlo, observemos en el dibujo que el niño busca representar un estado interno, a través de una narrativa en varias franjas, si somos capaces de leer más allá de prejuicios, se nos puede desvelar una realidad interna que busca expresarse.
PD. Dibujos facilitados por Marian Alegre.

jueves, 12 de abril de 2018

Inventamos otra historia para Caperucita

Cuando en la última clase estuvimos analizando los personajes de Caperucita, nos dimos cuenta que la epopeya que esperaba a la protagonista era pérfida. Y repasando alguno de los análisis del cuento, en concreto el de Bettelheim, yo me pregunté: si se trata de ver el cuento como una suerte de iniciación sexual en la mujer ¿es que para hacernos adultas tenemos que pasar por las fauces de un depredador?
Este cuento me suscita muchas preguntas. Y creo que sobre todo de lo que trata es de la traición a la inocencia, de colocar al protagonista (podría ser también Caperucito) en la posición que no le corresponde. Como se dijo en clase, de observar la manipulación de la función materna, y la ausencia de un padre.
Pero ahora vamos a cambiar el cuento, en nuestra clase vamos a buscar otras posibilidades. Para ello trabajaremos en equipo.
Primero cada persona del curso incubará un personaje del cuento y decidirá cuál le interesa desarrollar como marioneta.
Confeccionará su marioneta procurando que sea muy suya, cero estereotipada, representativa de su identidad, que verdaderamente la represente.
Sugiero papel maché (hay un montón de tutoriales en youtube para ver la técnica), pero puede confeccionarse también de otra forma.
Una vez tengamos las marionetas, y contando con que en cada grupo lo mismo tenemos cuatro Caperucitas, que seis lobos, que ninguna madre, que ninguna Caperucita, vamos que no sabremos con lo que vamos a contar. Pues bien, cuando cada grupo tenga las marionetas de cada miembro del grupo, entonces inventaremos una historia, cada grupo la suya y confeccionaremos un storyboard (o imágenes en secuencia), utilizando dibujo, collage, como queramos, para tener nuestro guión. Cada grupo el suyo.
Cuando ya tengamos el guión, las representaremos en teatrillo y grabaremos las historias en vídeo y lo montaremos procurando una forma sencilla en el montaje (créditos sencillos, poca parafernalia en ese sentido si es posible).
Trataremos de que las historias se resuelvan en menos de tres minutos.
Al final vamos a disfrutar de diez fantásticos vídeos, con diez historias nuevas de Caperucita. Una por cada grupo de la clase. Será una fiesta.

miércoles, 4 de abril de 2018

Dos modelos de maestra y dos modelos de maestro

Debía andar por los ocho años y varias cicatrices, principalmente en el alma
Como a mi no me criaron mis padres, mi primera maestra que se llamaba Pilar como mi progenitora me marcó maravillosamente. Era una mujer con el cabello claro, muy cariñosa, lo que recuerdo de ella, es que me daba amor y me hacía sentir bien en mi piel. Recuerdo que me hubiera gustado que fuera mi madre.
Al año siguiente tuve otra maestra, era mayor, tenía el cabello cano y cuando una se equivocaba o hacía algo incorrecto, pedía que pusieras la palma de la mano para arriba y te golpeaba con una regla. Yo hice todo lo posible por evitar esa situación -ya estaba bastante acostumbrada por la vida en mi casa a intentar ser "buena" a ver si de una puñetera vez me salían las alas-. Pero una vez no sé qué hice y me llamó, me pidió que pusiera la palma de la mano para arriba y me golpeó con la regla. Aun me quema. Fue el aprendizaje del odio y el resentimiento. Del mal.
Unos años después en un colegio de monjas, tuve un profesor que hablaba con pasión de la literatura. El día después del intento de golpe de estado del 23 F vino a clase y nos saludó gritando ¡todas al suelo!, y soltó un disparo con una pistola de fogueo. Durante muchos años encontré performática y muy interesante su acción. 
Cuando ya estaba en el último año de instituto, tuve otro profesor de Literatura, que cada mañana, a las 9:00, abría el libro y se ponía a leer sentado en su silla como un monje un salmo. Cada día igual. Mi imaginación se disparaba, no escuchaba nada, solo un sonido lejano de su voz como un tonillo y dormitaba como me parecía él también hacía. Durante muchos años me pareció un ejemplo de un mal profesor.
Hace poco y gracias a una intervención con un grupo de Bellas Artes, invitada por mi amiga Mónica Aranegui, tuve la oportunidad de recordar a estos dos profesores, y les expliqué cómo mi percepción cambió con el tiempo. Encontrando al que nos pegó el falso tiro, abusivo y violentador, a su manera insensible y narcisista. Y al que nos leía sus salmos, propiciador de meditación, ondas alfa y a su manera, otro tipo de ser performer.

miércoles, 7 de marzo de 2018

¿Una educación artística feminista mientras trabajamos con Caperucita?

Dibujo de niño de 11 años como Caperucito
Mañana es el día internacional de la mujer: un día para la huelga, de trabajo, cuidados, no consumo, quien pueda hacerla. Parar en lo público y en lo privado.
La palabra feminismo a mucha gente le molesta porque la relaciona con la palabra machismo.
Hay que entender que el feminismo se necesita para compensar una sociedad patriarcal donde lo femenino es visto como inferior y se señala histórica y contemporáneamente en la vida de todas nosotras, mujeres.
Es preciso tomar cuenta que esta sociedad enferma nos daña a todos, hombres y mujeres, aunque ellos tengan privilegios en el espacio público y sean en principio más violentos en el privado (y también muchas veces se escaqueen más de las obligaciones domésticas).
Desde la educación artística tenemos la posibilidad de trabajar las imágenes, la creatividad, los procesos creadores, parte de lo más verdadero y precioso del ser humano. Este sí que es un hermoso privilegio, trabajar ahí.
En la educación artística tenemos la oportunidad de tomar conciencia del sexismo de las imágenes del entorno, la cultura visual tóxica y lo que podemos hacer para tomar conciencia y hacer que las cosas cambien.
También podemos ver la importancia de una educación emocional, y cómo la educación emocional dura toda la vida. Las mujeres en el único lugar en el que tradicionalmente tenemos poder y omnipotencia es en la cría de nuestros hijos, y como les leía a mis estudiantes, Alice Miller describe espeluznantemente la realidad de que sobre los más pequeños, proyectamos todo lo no resuelto, ejercemos violencia de distinto tipo y muchas veces no disfrutamos la maravilla de aprendizaje de estar con estos seres no contaminados, aun, los niños.
Así la violencia se perpetúa, los hijos perdonan a sus madres pero muchas veces sueltan esa miseria sobre sus mujeres.
Dejemos de tratar a los niños como si fueran tontos, de hablarles como si estuviésemos en medio de un dibujo animado. Ejercitemos una revolución de conciencia, feminista, y emocional, empezando por nosotras.

jueves, 1 de marzo de 2018

Una segunda piel para Caperucita


En todas las versiones de Caperucita, llegando hacia el clímax del cuento, Caperucita, ya en la cama con el lobo, comienza a fijarse en el cuerpo de aquel y preguntarle por distintas partes que le resultan extrañas, los ojos, los pelos, los dientes etc...
Propongo que dejemos de fijarnos en la piel del depredador para concentrar la atención en nosotros.
Vamos a escuchar nuestro cuerpo, realizaremos una silueta y en ella construiremos un mapa a base de recuerdos, buenos y malos, de cosas que le pasaron a  nuestro cuerpo, que nos gustan o que nos disgustan.
Y luego, terminada esta cartografía y utilizando la silueta del cuerpo como patrón, vamos a cosernos una nueva piel a partir de fragmentos de telas que nos encanten, porque nos gusten mucho, o porque estén atesorando una memoria preciosa.



jueves, 22 de febrero de 2018

Depredador: dale un respiro a Caperucita


El pasado día 16 de febrero, l@s valientes estudiantes de mi clase de educación artística, mostraron un auténtico arsenal para que Caperucita sobrellevara lo mejor posible su viaje por el bosque. La mayoría de las piezas elaboradas servían o bien a neutralizar al lobo o a herirle si fuera necesario ("antes Caperucita que el lobo, y si soy yo, antes yo", como creo dijo Alejandro).
En fin, se intuía por lo que se habló en clase que la cosa no iba de broma. Que lo que se juega Caperucita en ese viaje arquetípico es muy serio, que le va la vida, si no física (que igual también), la interna, la suave y maravillosa esencia de su persona más sensible, lo que en muchos lugares se llama "alma", ese recóndito espacio.
Vamos a ver: una madre que no es capaz de proteger a la niña, que la envía a ver a su abuela en su lugar, y la hace enfrentar un lobo, es decir, un depredador. 
El instinto está dormido o muerto en este sistema familiar. Todo está anestesiado, hay grandes dosis de egoísmo.
No hay padre. En la versión de los Grimm aparece en forma de cazador, pero en las historias antiguas no lo hay. No hay ley, no hay nadie que separe de la fusión, de la "devoración materna" que define Freud y continúa conceptualizando Jung de una manera bastante más piadosa y esperanzada.
Caperucita, ya lo dijimos, no tiene nombre, se la denomina por la cosa, la caperuza que usa: Asemejándola a un objeto podemos servirnos de ella.
Empezamos a sospechar que lo que pasa entre la abuela, la madre y el lobo es como un complot. Todos estos personajes parecen representar al soñante como en un sueño. En este caso un sueño que expresa la muerte del instinto saludable "Y se la comió".

Moraleja: el depredador es interno y externo. En el lenguaje psiquiátrico al depredador intraespecie se le llama psicópata. La mayoría están integrados en la sociedad. Según Iñaki Piñuel que sigue la línea del experto canadiense Robert Hare, nos encontraremos a unos 60 a lo largo de nuestra vida, es un porcentaje importante. También puede llamarse perverso o perverso narcisista. Lo cierto es que nuestra sociedad es cada día más perversa y más narcisista. Para que el mal se expanda necesita la cohorte del rebaño que respalde al perverso o al psicópata: sus seguidores, los cómplices. No se puede cometer un genocidio sin una sociedad que lo permita (Hitler y los altos mandos del III Reich no fueron los únicos responsables, y eso los alemanes lo han heredado y lo lloran sus genes). Estos depredadores desconectaron de su capacidad empática un día, y ya no se conectaron más. Me cuesta soportar esos diagnósticos que parecen condenas al infierno del mal "nunca cambiarán". Me gusta leer a Alice Miller y comprender que hay tanto dolor detrás de tanta arrogancia, tratando de huir del enorme peso de la vergüenza. El niño herido siempre está detrás de todo esto. Ojalá otro mundo sea posible, entre tanto Caperucit@s amémonos mucho a nosotros mismos, curemos nuestro instinto y protejámonos del mal. Que no nos pase como en la versión más antigua del "Cuento de la abuela" en que Caperucita, resulta ser al final, aun más perversa que el lobo.

Recomiendo leer a Alice Miller El drama del niño dotado, pero también otros de sus textos pueden situarnos en esta problemática de la herida emocional básica. Para el análisis de la perversión del cuento de Caperucita, Les relations perverses de Claire-Lucie Cziffra. Sólo conozco la versión en francés.

miércoles, 14 de febrero de 2018

El amor incondicional de Caperucita

Yo con un trajecito flamenco que me cosieron mis tías, recuerdo haberlo usado solo para hacer fotos
Los adultos, cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, solemos pedirle amor incondicional. La mayoría de las relaciones no funcionan entre otras cosas por eso, amar incondicionalmente a un adulto es muy difícil y puede ser hasta sospechoso (Mirad el libro de Rosenberg El síndrome del imán humano. Narcisistas, codependientes y su relación disfuncional). El único amor incondicional que podríamos esperar es el nuestro, de nosotros a nosotros mismos, pero generalmente no solemos hacerlo. Queremos que otro nos ame y acepte incondicionalmente mientras que nosotros no somos capaces de hacerlo a nuestra vez. 
Un niño sí merece amor incondicional de sus padres o sustitutos paternos, pero es difícil que lo reciba. Generalmente esos mismos padres o sustitutos no recibieron amor incondicional de los suyos y el niño que tienen ahora entre manos, sencillamente es alguien disponible.
Esto lo describe maravillosamente la psicoanalista Alice Miller, cómo el niño está siempre disponible para el adulto, y cómo no suele ser amado incondicionalmente.
Es por eso que a las Caperucitas y Caperucitos los echamos al bosque a una edad en que no están preparados y les cargamos con lastres u obligaciones que son nuestras, como ocuparse de la abuela enferma (¿No sería más lógico que lo hiciera la madre? por línea generacional es a ella a quien le compete).
Hoy celebramos San Valentín, y aparte que sea una fecha comunmente utilizada para intentar hacernos consumir, podríamos aprovechar para renovar los votos de amor incondicional por nosotros mismos. 
Nunca es demasiado tarde.

lunes, 5 de febrero de 2018

Mi pieza icónica fundamental

"Dijo que no le valía, no se lo quiso probar" pieza que presenté para la exposición del
Cuerpo como medida, comisariada por María Jesús Abad Tejerina

Comenzamos curso, de nuevo -qué maravilla-, con el sol que vence cada día un poco más, y con el tiempo de Carnestolendas...
Fotografía de Jéssica Asensio
María López y Cristina Curiel. Un disfraz embarazoso
Voy a empezar esta entrada haciendo un poco de memoria. Hace dos años, con una promoción maravillosa de estudiantes, realizamos un ejercicio de veras difícil Ponerse en otra piel, fue muy fuerte lo que vivimos aquella tarde. La vuelta a la infancia que afloraba en esa otra piel dejaba también traslucir heridas, moratones y embarazos imprevistos. De esa jornada no tengo fotos in situ, fue muy brutal y muy íntimo también, aunque en la clase estuviésemos unas sesenta personas. Las fotos de Jéssica Asensio y Cristina Curiel y María López os pueden hacer tener una idea. También hay algunos testimonios en los blogs de ese año 2015/2016. Se consiguió ponerse en otra piel y hacer una transformación iconográfica sin que pareciera un "disfraz". Si entendemos que siempre vamos disfrazados porque nuestra esencia profunda está por encima de la cultura y los valores identitarios que asumimos cada vez que nos colocamos un atuendo son un artificio, aunque un disfraz para el común de los mortales es una ropa que se ve exagerada y carnavalesca. Todo el mundo piensa que cuando se viste, uno no se disfraza. Este concepto de normalidad del disfraz es algo que no se asume, es una idea verdaderamente extraña para la vida cotidiana. Forma parte de los delirios del psicoanálisis y sus teorías de lo inconsciente, con una buena dosis de impregnación de los teóricos de la antropología que ven el relativismo cultural en todas partes (y es un hecho que así es el mundo, pero como es obvio no lo vemos).

Ahora vamos a viajar a promociones más antiguas

Vestida para ir a la piscina
Vestido para hacer deporte
Vestida para ir de copas
Vestida para presentar en Tele 5
Años antes habíamos disfrutado de otros disfraces cotidianos y rituales con una carga más lúdica, aunque no siempre tan feliz. Ahí cuando les preguntaba a los estudiantes para que enumeraran situaciones para las que se vestían de tal o cual manera: para ir al cine, a un bautismo, a un funeral, de copas, a la playa, al médico, para dormir, para limpiar la casa, etc etc etc y lo iban diciendo con mucha alegría, no se podían figurar que luego íbamos a poner cada situación en un papelito y había que bordarla. Vamos que había que venir a clase lo más verídico posible con el traje y con la situación que la suerte te hubiera adjudicado. Así que el jolgorio y el desparpajo de ir diciendo situaciones para las que nos vestimos de tal o cual manera, se convertía en una cara de inquietud, ejem, ahora tengo que vestirme para una entrevista de trabajo, o para visitar a mis suegros, o para ir a pescar ¿me lo cambias? 
El compañero se vistió simulando estar enfermo, resultó muy creíble
Vestido para mendigar






















Bien y ahora vamos a situarnos en el presente. Febrero de 2018.
Cuando llegué a clase y un ratito después empezamos a hacer una lluvia de ideas acerca de mi aspecto iconográfico, en relación a mi abrigo caperucil, María (creo que fuiste tú María), dijo que aquello me podía hacer sentir protegida por ejemplo si no me sentía en confianza aun, y también darme calor. Este comentario llegó como caído del cielo, precioso. Efectivamente estaba entrando en la amplificación simbólica del objeto, de plano. Y fue muy sincrónico porque el día siguiente tuve yo una experiencia de visualización y de asociación muy iluminadora sobre un icono con el que sueño mucho, el abrigo gris, y que, de repente ubiqué en un contexto hace más de treinta años. Muy revelador...
Los objetos tienen una carga. Atesoran historia. A veces nos apegamos a ellos. A veces un día les decimos adiós, pero hay objetos asociados a situaciones, que son inolvidades, totalmente. Como mi abrigo gris de cuando copiaba en el Museo del Prado: aun no había tenido un hijo, ni estudiado Bellas Artes, era una suerte tener dinero para un café... pintaba y dibujaba mucho, era feliz a mi manera.
El muy soñado abrigo gris, con su referente histórico


La nueva propuesta, el nuevo reto parte de ahí y es un poco diferente:

Mi pieza icónica fundamental 
Deberemos elegir un elemento iconográfico (sombrero, abrigo, vestido, calzoncillo, pulsera, bolso, peineta etc etc etc: lo que sea), que tenga para nosotros un especial valor simbólico, una carga extra, especial, emocional, de la memoria..., y vamos a "vestirlo" dándole el valor y la importancia que merece para presentarlo y "pasearlo" ante el grupo, en un simulado pase de moda. 
Para ello tendremos que adecuar el resto de nuestra indumentaria, para que la pieza en cuestión resplandezca y se vea como prioritaria, resaltada. Lo haremos o bien por la elección del color del resto de piezas de nuestro atuendo, o por coherencia con los otros elementos que vistamos. 
Todo el grupo acompañará este hermoso momento en que cada uno paseará ante todos con su icono fundamental, y al llegar a la pizarra escribirá una frase a modo de Haiku, pequeña línea poética que resumirá el poder personal de ese icono, y permanecerá ahí por un momento, y luego borrará su frase para dejar paso a la energía del siguiente compañero.
Feliz incubación.

Lo que Caperucita llevará en su cesta para sí misma, no para la abuela


El cuento de Caperucita Roja tiene diversas versiones, seguramente la más conocida en las escuelas es la versión de los hermanos Grimm en que un cazador finalmente rescata a nieta y abuela de la tripa del malvado lobo. También sabemos de otra versión bastante más dura de soportar en que el cuento termina con un "y se la comió". Es la de Perrault y se suele decir que se trata de una versión moralizante del cuento, para que las niñas no hablen a desconocidos y tengan cuidado con no aventurarse a disfrutar demasiado de la vida, tomando el camino más largo y recogiendo flores.
Una versión más antigua, el cuento de la abuela, presenta una Caperucita que se burla del lobo y consigue escapar, no sin antes haber comido carne y bebido sangre de la abuela, ofrecida por el lobo. Esta sería la versión olvidada, la más desagradable de todas.
El pasado día dos de febrero comenté a mis estudiantes, vistiendo mi capa caperucil, que he llevado años investigando y trabajando creativamente con el cuento de Caperucita, pero nunca hasta ahora lo he planteado para trabajar con él en clase. Y les dije que verdaderamente creo que me sería muy bueno que lo hiciéramos... así que como pareció que la idea no disgustaba, les propuse arrancar con el asunto.
Imaginemos a una niña que lleva la capucha que le regaló su abuela, que no tiene nombre y se la conoce por la capucha (Caperucita Roja). Visualicemos a esa niña (como de 8 años) que se va a atravesar el bosque para llevar un refrigerio a la abuela que está enferma y vive al otro lado de un incierto camino. No sabemos nada de su padre, y su madre tan tranquila la envía a pasar ese bosque donde la acechará un lobo. 
A Caperucita se le ha dicho que cumpla su misión y que haga lo correcto. Y que afronte ella el viaje en soledad.
Aquí arranca la aventura, nuestro común viaje.
Y yo os propongo: que incubemos un objeto que Caperucita pueda llevar en su cesta, para sí misma, no para su abuela. Que le ayude a superar tan heroíco ritual de paso y la traiga ilesa aunque transformada. 
Así que os animo a que incubéis el asunto, que os imaginéis como esa misma Caperucita/Caperucito, dispuestos a iniciar la gesta, a cruzar el bosque, y que palpéis en esa cesta, ese objeto que os va a ayudar a llegar a buen puerto.
Traed a clase el día 9 de febrero, y tras rebuscar por cajones: algo para abocetar, papel, lápices de colores (mejor ir ya abocetando esta semana). Para la construcción del objeto y tras lo incubado, puede ser todo tipo de material, telas, hilos para coser y ensamblar, maderas, objetos de plástico, pasta moldeable que endurece, piedras, pintura etc etc. 
Lo más importante de todo este proceso es incubar bien. Todos somos Caperucita y en nuestra cesta, pronto,  llevaremos algo que nos va a ayudar.

PD el 2 de febrero Alicia nos contó a toda la clase el cuento en la versión de Grimm, fue muy bonito. Gracias Alicia

miércoles, 15 de marzo de 2017

Clase-terapia


Sí, clase-terapia, no arte-terapia.
El pasado lunes 6 llegué a clase hecha polvo. No terminaba de irse un tremendo dolor de cabeza, me dolía también la garganta y me estaba empezando a moquear la nariz no hacía mucho.
El domingo había pasado un choque emocional y se habían sucedido las cosas como lo relatan los expertos en neuroemoción: choque emocional inesperado, imposibilidad de comunicarse y ser comprendido, incapacidad de encontrar una forma de evacuar el dolor.
Lo cierto es que me puse a llorar, pero aunque sé que generalmente si no me permito "llorarlo todo" acabo moqueando, decidí hasta dónde era prudente llorar para no tener los ojos destrozados el lunes. La cosa es que pasé una noche terrible de insomnio y a la mañana el dolor de cabeza era infernal, no soportaba la luz.
Enseguida me di cuenta del origen emocional de todo. Comprendí, que en vez de seguir revisando una tesis y luego trabajando con los blogs de educación artística, tendría que haberme puesto a dibujar, pero no lo había hecho.
Llegué a la universidad arrastrándome.
Asistí a una tutoría con tres estudiantes de prácticas, estaba con la cabeza como un bombo y eso que me había dopado, pero sorpresivamente, según la reunión avanzaba me fui sintiendo mejor. 
Cuando un poquito después empecé la clase de educación artística y me dieron el uniforme del día mis estudiantes, estaba helada y cada vez esa especie de costipado alérgico me invadía más.
Me puse el traje con dudas porque pensé que igual cogería más frío (esa educación recibida como si el frío fuera algo solo externo). La cosa que me vistieron de galleta, de mandala, porque íbamos a hacer un taller de mandalas con obleas y chocolate.
Fue mágico, estuve hablándoles del sentido sanador del mandala mientras yo misma estaba vestida con uno. Y les conté las teorías junguianas a partir del hermoso libro de Jung con prólogo de Wilheim  El secreto de la flor de oro y luego el concepto del ser interno y el niño herido de Krishnananda, que me parece realmente muy verdadero y una gran oportunidad a aplicar en nuestras vidas.
Se me quitó el frío muy pronto, salimos a hacer mandalas con corros en el patio y yo iba con mi traje de galleta, ningún frío, escuché a alguna estudiante diciendo que se ponía el abrigo para no "enfriarse" y me sentí identificada, con mi historia, cuando era niña y mis tías me ponían el agobiante verdugo "no te vayas a enfriar" y yo con la garganta encogida.
Los corros de la patata que terminaron siendo tres y emulando el concepto de las capas del ser de Krishnananda preciosos.
Y terminé el día sin ápice de enfermedad, llegué a casa y estaba incluso no demasiado cansada y sin ningún síntoma.
Gracias queridas estudiantes porque me habéis curado. La clase del lunes fue: Clase-terapia.

jueves, 23 de febrero de 2017

Conexión interior gracias a los sueños, escritos e imágenes

El trabajo con los sueños es un ejercicio de conexión interna. A través de la escucha de nuestros sueños ponemos atención a lo que pasa adentro, y a lo que pasa afuera. La realidad comienza a tener un tono diferente y la rutina de estar atentos a los sueños nos transforma, nos hace más despiertos a detalles pequeños y a detalles profundos.
Observamos que lo que ocurre en nuestras noches y estados de sueño, no es tan diferente de lo que ocurre durante el día. Todo habla de nosotros. Aprendemos que estar atentos significa también permitirnos en un momento tenernos compasión a nosotros y a los demás, porque no somos perfectos, porque se nos escapan muchas cosas.
Nuestras vidas a veces atraviesan momentos complicados, otras veces están en cierta calma, en general vivimos en un contexto afortunado, sin guerras ni deportaciones, ni hambrunas. Aunque hay violencia, y hay pobreza, y en general estamos rodeados de sufrimiento. 
En un momento nos damos cuenta que el sufrimiento está en nuestras mentes, que el pensamiento es el que nos lleva por discursos y vericuetos que generan dolor.
Que somos reactivos a lo que ocurre fuera. Que no somos libres de nosotros mismos.
Que somos estudiantes de primer año casi durante toda nuestra vida, mientras parece que el tiempo se va muy deprisa.
La semana pasada estuvimos hablando de la sombra psíquica, según los presupuestos del psicoanálisis analítico y con la intención de llevarlo a la experiencia de nuestras vidas, para que nos ayude a vivir.
La integración de la sombra es uno de los retos más difíciles. Porque la sombra justamente es la gran negada, todo lo que la rodea está transido de dolor y de ocultamiento.
Si lo que pasa por la noche y lo que pasa por el día es lo mismo, si el inconsciente está siempre al mando, si mi pensamiento es el que me hace sufrir... ¿ y si pudiera aplacarlo? si construyera otra realidad mis sueños cambiarían y mi vida también. Otra realidad interna sería posible, y con ella otra externa también.
Y, cómo trabajo ese sueño, ¿por dónde empiezo?
Como dice el psicólogo cognitivo Jacques Montangero, podemos de partida comenzar por describir el sueño con el mayor número de detalles posible, para luego buscar todos los recuerdos que podamos y tratar en una siguiente fase de dar un sentido al sueño en paralelo a nuestra vida, traduciendo las metáforas y símbolos en frases próximas, en sentidos que se acerquen al vivir. Todo esto lo haremos utilizando el pensamiento convergente, analítico.
Pero también podemos dejar que fluyan imágenes, dibujar, hacer collage, escritura automática, en torno al sueño, y de esta forma se abrirán otras vías a la conexión interna, porque estaremos utilizando el pensamiento divergente, aquel que abraza la creatividad y procura caminos nuevos.
Y cuanta más conciencia pongamos a todo ello, mayor transformación será posible, y los sueños tremebundos como los peores pensamientos podrán ser evacuados o convertidos en algo hermoso.
Ojalá que nos tengamos mucha paciencia para que nuestras vidas se iluminen y con ellas lo que nos rodea también.

jueves, 16 de febrero de 2017

Arquetipos culturales y sueños

Uno de mis grupos encarnando arquetipos culturales
Cuando este curso comenté la importancia que el mundo onírico tiene para mi, y el trabajo que en este sentido llevo desarrollando, encontré un interés que hacía mucho que no veía de una forma tan colectiva en un grupo de alumnos (siempre hay algún estudiante interesado individualmente claro está). Así que hemos iniciado una andadura en este sentido, en torno al autoconocimiento y el desarrollo de la creatividad a través de los sueños. Y vamos desarrollándolo de una forma muy fluída y según van pasando las cosas en clase.
La cuestión es que el día 13 y durante el taller de pelos, uno de los grupos se caracterizó en diferentes personajes de película. Me pareció interesante en general la diversidad, porque al sugerir el taller de pelos no di instrucciones de uso, se trataba de experimentar y así ocurrió, con lo cual cada grupo encontró una forma de proceder, experimentar y realizarlo muy diferente. 
Entonces el grupo que mutó a personajes, verdaderamente encarnaban arquetipos culturales, es decir, modelos humanos. Cada uno de ellos significan en sí una serie de valores y de destinos vitales muy particulares y en los que lo bueno y lo malo tienen su espacio, porque los arquetipos culturales se encuentran inscritos en la cultura y la cultura modela y diferencia y califica, señalando lo que para ella es correcto y lo que no. Me sorprendió que fluyeran en este sentido, es decir, partiendo de un peinado que significa una identidad.
En su forma más universal el cabello sería un símbolo que encarna en cada espacio cultural un arquetipo universal "El pelo, la cabellera" que concierne a lo humano. No es ni bueno ni malo, sino construido en infinidad de variaciones posibles a lo largo de la historia y los lugares.
Pero aquí, estos personajes, nos recuerdan, que cuando el arquetipo universal se instala en una cultura y sobre todo se hace modelo, entonces la cosa se restringe y se focaliza en la energía y valores que transmite ese modelo.
Comentaba el trabajo de los etnopsiquiatras que se interesan por los valores culturales de los individuos que tratan, como Tobie Nathan con su trabajo sobre los sueños. Y por ello les dije que podían reflexionar sobre el hecho de haber elegido un determinado personaje y no otro, en el sentido de que todo ello habla de nosotros y da respuestas, respuestas que finalmente solamente el propio autor del sueño o del síntoma, puede concluir.
Otros experimentos llevados a cabo en el taller, en este caso trabajando la idea de colectivo y la energía del cabello