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viernes, 7 de mayo de 2021

Estrenando el "Uniforme para tiempos salvajes"

Esta semana he estrenado el "Uniforme para tiempos salvajes". El primer día que me lo puse fue el martes, tenía que personarme en el colegio electoral que me corresponde pues había salido por sorteo como suplente de presidente o vocal de mesa. Me pareció un día adecuado para realizar este estreno. No se puede alegar objeción de conciencia y no personarse. Si no te personas es delito penal. La imagen-eslogan de este uniforme, yo misma en una motocicleta y llevando una espada láser, es una imagen que soñé hace poco. El 4 de mayo, coincidía además con ser el conmemorativo de la famosa saga de películas "Star Wars", la guerra de las galaxias, tremenda gesta de lucha entre las fuerzas del mal y del bien. El gesto que realizo es un límite puesto a todo comportamiento psicopático, parte del psicólogo experto en este trastorno Ross Rosenberg y se inspira en el personaje de Spock de Star Trek. El saludo "Vulcano". El miércoles fui a la universidad con el uniforme, siendo entonces mi primer día de llevarlo a mi lugar de trabajo oficial. Y hoy lo he vestido para una clase online. Se trata de un uniforme confortable y que espero resista. Lo llevaré durante un periodo incierto, a la espera de que lo que sufrimos acabe y recuperemos los derechos y libertades que en este salvaje tiempo perdimos por el camino. Y así nos encontrarán, alegres y dispuestos, en estos tiempos salvajes.

jueves, 22 de febrero de 2018

Depredador: dale un respiro a Caperucita


El pasado día 16 de febrero, l@s valientes estudiantes de mi clase de educación artística, mostraron un auténtico arsenal para que Caperucita sobrellevara lo mejor posible su viaje por el bosque. La mayoría de las piezas elaboradas servían o bien a neutralizar al lobo o a herirle si fuera necesario ("antes Caperucita que el lobo, y si soy yo, antes yo", como creo dijo Alejandro).
En fin, se intuía por lo que se habló en clase que la cosa no iba de broma. Que lo que se juega Caperucita en ese viaje arquetípico es muy serio, que le va la vida, si no física (que igual también), la interna, la suave y maravillosa esencia de su persona más sensible, lo que en muchos lugares se llama "alma", ese recóndito espacio.
Vamos a ver: una madre que no es capaz de proteger a la niña, que la envía a ver a su abuela en su lugar, y la hace enfrentar un lobo, es decir, un depredador. 
El instinto está dormido o muerto en este sistema familiar. Todo está anestesiado, hay grandes dosis de egoísmo.
No hay padre. En la versión de los Grimm aparece en forma de cazador, pero en las historias antiguas no lo hay. No hay ley, no hay nadie que separe de la fusión, de la "devoración materna" que define Freud y continúa conceptualizando Jung de una manera bastante más piadosa y esperanzada.
Caperucita, ya lo dijimos, no tiene nombre, se la denomina por la cosa, la caperuza que usa: Asemejándola a un objeto podemos servirnos de ella.
Empezamos a sospechar que lo que pasa entre la abuela, la madre y el lobo es como un complot. Todos estos personajes parecen representar al soñante como en un sueño. En este caso un sueño que expresa la muerte del instinto saludable "Y se la comió".

Moraleja: el depredador es interno y externo. En el lenguaje psiquiátrico al depredador intraespecie se le llama psicópata. La mayoría están integrados en la sociedad. Según Iñaki Piñuel que sigue la línea del experto canadiense Robert Hare, nos encontraremos a unos 60 a lo largo de nuestra vida, es un porcentaje importante. También puede llamarse perverso o perverso narcisista. Lo cierto es que nuestra sociedad es cada día más perversa y más narcisista. Para que el mal se expanda necesita la cohorte del rebaño que respalde al perverso o al psicópata: sus seguidores, los cómplices. No se puede cometer un genocidio sin una sociedad que lo permita (Hitler y los altos mandos del III Reich no fueron los únicos responsables, y eso los alemanes lo han heredado y lo lloran sus genes). Estos depredadores desconectaron de su capacidad empática un día, y ya no se conectaron más. Me cuesta soportar esos diagnósticos que parecen condenas al infierno del mal "nunca cambiarán". Me gusta leer a Alice Miller y comprender que hay tanto dolor detrás de tanta arrogancia, tratando de huir del enorme peso de la vergüenza. El niño herido siempre está detrás de todo esto. Ojalá otro mundo sea posible, entre tanto Caperucit@s amémonos mucho a nosotros mismos, curemos nuestro instinto y protejámonos del mal. Que no nos pase como en la versión más antigua del "Cuento de la abuela" en que Caperucita, resulta ser al final, aun más perversa que el lobo.

Recomiendo leer a Alice Miller El drama del niño dotado, pero también otros de sus textos pueden situarnos en esta problemática de la herida emocional básica. Para el análisis de la perversión del cuento de Caperucita, Les relations perverses de Claire-Lucie Cziffra. Sólo conozco la versión en francés.

domingo, 31 de enero de 2016

¡Miedo, miedete, vete, vete, vete!

Una de las plantas que conservo y que contiene la "amenaza"
En nuestra última clase de educación artística recordé el estupendo trabajo que Inmaculada González desarrolló con sus niños de cuatro años. Después de la experiencia desarrollada en nuestra clase de doctorado sobre rituales y miedos de la que tenemos una publicación Texto de investigación sobre "La amenaza" Inmaculada trabajó en su aula de infantil con los miedos de los niños. Había preguntado a los padres y esta era la principal inquietud, antes de las rabietas y los celos, así que se animó a poner en marcha el proyecto. Lo hizo con la sensibilidad que Inma tiene, a partir de las propuestas de los niños y sintonizando con ellos. Cuando les preguntó por sus temores los niños comentaron de muchos y variados miedos: brujas, lobos, quedarse solos, fantasmas... luego se dedicaron a dibujarlos en hojas especiales, todos excepto una niña "carismática" que dijo no tener miedos. Luego de juntar una buena cantidad de dibujos sobre esos miedos, es decir, tenerles a la vista, estuvieron varios días debatiendo cómo hacer después para deshacerse de ellos y sobrepasarlos, al final se les ocurrió hacer un sobre súper bonito, meterles dentro y luego ponerlo en la clase en un sitio estratégico para que vinieran los piratas (un niños significó que efectivamente los piratas son ladrones) creyendo que era un tesoro y se los llevaran. Fueron metiendo en el sobre los dibujos siguiendo el ritual del ¡miedo miedete, vete, vete, vete! cada vez que colocaban un dibujo en el sobre, y aquel descansó en su lugar estratégico hasta que un día desapareció.
Pena que cuando se vio que ya no estaba el sobre y todos los niños brincaban de alegría, la niña carismática, que no tenía miedo y había dibujado mariposas y princesas, y luego brujas pero porque le gustaban también (cuando vio a los otros niños dibujarlas, no por que se le ocurriera a ella de inicio), pues dijo que ahora era ella la que tenía miedo y que no había funcionado el ritual.
Menuda faena, menos mal que a otro de los niños se le ocurrió que podían hacer atrapa-miedos como medida de excepción, y así acabar con el problema.
Los hicieron, se los llevaron a sus casas y la cosa terminó en paz y bien.
Es ahora releyendo el texto que me he dado cuenta que el comportamiento de la niña que primero no tenía nunca miedo y después de que los demás solucionaran el suyo les estropea el tinglado podría cuadrar con una estructura psicopática, esto suena brutal al referirse a un niño y evidentemente me faltan muchos datos, pero no podemos olvidar que los casos de bulling que se dan en la escuela probablemente están orquestados por niños que no tienen empatía y que incluso disfrutan viendo sufrir a otros. El profesor Iñaki Piñuel es experto en este tema y tiene una amplia bibliografía al respecto de esta pandemia social. En mis lecturas de las memorias de prácticas este año encontré una referencia en la anécdota que contaba una estudiante de un niño que se quejaba siempre de ser empujado en el patio y él a su vez era muy poco popular y tendía a ir chocando sin control con otros niños (todos de cuatro años). Investigando la situación, mi estudiante relata que vio que era un mismo niño el que golpeaba siempre al quejoso y a su vez tuvieron que observar durante días hasta comprender que un tercero era el jefe que organizaba toda la trama y explicó "como una pequeña mafia".
Escalofriante y a la vez muy expresivo de lo que ocurre en los centros escolares y nuestra responsabilidad de detectar conductas violentas o manipuladoras lo más precozmente posible.