miércoles, 27 de enero de 2016

Miedos y Antídotos y organizando el curso

El problema de los límites
La semana pasada iniciamos temporada, llegó el sol invictus y nuestras clases de educación artística. Esta vez en el grupo de futuros profesores de educación infantil hay hombres, es una buena novedad, y justamente uno de ellos -Manu- preguntó si tendríamos algún límite en las clases. Yo les había planteado el sistema de horario flexible para el estudiante que llevamos trabajando en los últimos años y cómo iba a ser la dinámica de la asignatura (eminentemente vivencial -sorpresiva incluso para mi- pero tranquilos todos,  que cumpliremos el programa con mucha alegría). Y sí resulta que hay un límite: el respeto de unos a otros y cada cual a sí mismo, ese punto fundamental que algunas veces se nos olvida, y lo inflijimos, y otras lo remontamos (en pequeñas cosas, para las grandes ya tenemos las noticias).
Colecciones de miedos
Luego iniciamos una dinámica para entrar en calor este enero, por parejas nos contamos una pesadilla, una muy mala verdaderamente, y soñada ayer o hace muchos años, igual da. Primero lo contaba una persona, luego la otra.
Había que poner mucha atención y empatía y escuchar el sueño del compañero como si fuera nuestro. 
Luego cada cual pensaría en un miedo que le despertó el sueño de su pareja y viceversa.
Compartimos los miedos para después buscar los antídotos. Al compartir pudimos darnos cuenta que verdaderamente los miedos de cada cual nos conciernen a todos, y es estupendo que se puedan imaginar antídotos.


Como una chica del grupo -Gema- quedó desparejada pues su compañera se tuvo que marchar, tuve la suerte de compartir sueño con ella, y el suyo a mi me reactivó el miedo antiguo a "no tener alas". Como antídoto vimos que podíamos sencillamente imaginar y sentir que sí las teníamos y concentrar esa sensación en el cuerpo con un gesto, un gesto que fuimos haciendo más pequeñito (recordando las indicaciones que me enseñó en su día Jéssica Cabrera con los arquetipos). Eso fue muy bueno. 
Por si fuera poca suerte ya, unos días después Luisito Lechuga componía una canción "Alas llevamos"  ALAS LLEVAMOS verdaderamente el antídoto estaba al completo, porque la música, como los arquetipos, nos nueve tanto las emociones. Alas llevamos y afortunados somos. 
Bienvenidos al Sol Invictus.

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